
En verano ni la precariedad ni la crisis climática descansa,
nosotras tampoco, organízate y lucha.
Otra vez es el verano más cálido, o el más frío del resto de nuestras vidas, otra vez tenemos curros precarios para poder pagar la matrícula, el alquiler sigue subiendo, otra vez nos asusta el precio de la luz cuando pensamos en poner el aire mientras la temperatura no nos permite dormir.
El calor es el tema de este verano y la juventud de extracción obrera y popular, las que no podemos aislar la casa, poner el aire o simplemente irnos y dejar de trabajar para que la temperatura no ponga en riesgo nuestra vida sabemos que no es solo calor, que no ha hecho este calor siempre, que quienes sostienen este discurso trabajan en edificios acondicionados climáticamente, no como nuestras aulas y las de la infancia, y no van al trabajo con el abanico en la mano en el vagón abarrotado que pasa los 30°.
Las compañeras en los campos y la obra, principalmente migrantes, sufren esto mientras los patrones ven en sus descansos una pérdida de su ganancia y ponen en riesgo sus vidas, aludiendo a qué es un trabajo duro, quienes nunca han trabajado al sol y pagan una miseria para que otros lo hagan.
La respuesta ante nuestra denuncia contra la crisis ecosocial es que nuestra generación es de cristal, no aguantamos el trabajo ni el calor, que no ahorramos y por eso no tenemos casa, no solamente este sistema nos condena, también intenta culparnos.
A la juventud no nos queda otra que tomar conciencia sobre la temperatura, la contaminación, la explotación de los recursos naturales y humanos que no son otros que nuestra clase, porque si queremos tener futuro, el presente es de lucha.
