¿Qué son las Casas de la Juventud y por qué son importantes?

En los últimos meses, muchas personas vinculadas a las Casas de Juventud y a los Programas de Integración de Espacios Escolares (PIEEs) de Zaragoza estamos viviendo con inquietud una serie de cambios que están afectando tanto a las personas trabajadoras como a la propia juventud usuaria de estos servicios públicos. Unos servicios públicos dirigidos a la juventud que suponen espacios abiertos, donde no media el consumo, sino el apoyo, la inclusión en educación, el ocio popular y la protección comunitaria. 

Uno de los hechos más preocupantes es la reducción de jornada que han sufrido las trabajadoras y trabajadores de los PIEEs, que han pasado de 37,5 horas semanales a 30 horas, con la consiguiente bajada de salario. Esta medida no solo precariza aún más un sector ya castigado, sino que repercute directamente en la estabilidad de los proyectos educativos y en la atención que reciben niños, niñas y jóvenes en los centros escolares.

A esta situación se suma el desgaste del personal educativo de las Casas de Juventud. Profesionales que llevan años sosteniendo estos espacios ven cómo aumenta su carga de trabajo, se amplían sus funciones y, sin embargo, sus condiciones salariales permanecen congeladas desde hace más de una década con salario de técnico especialista del convenio estatal de Ocio. Todo ello en un contexto de recortes, cierres y una sensación constante de incertidumbre sobre el futuro del servicio.

Resulta especialmente preocupante que estas decisiones se estén tomando en un modelo de gestión indirecta, a través de entidades que reciben financiación pública, mientras las consecuencias recaen sobre las personas trabajadoras y sobre la calidad del acompañamiento educativo que se ofrece a la juventud.

Además, existe una creciente sensación de falta de transparencia. En redes sociales institucionales, especialmente en el perfil @zaragozajoven, se están eliminando comentarios respetuosos que simplemente mencionan a las Zonas Jóvenes o expresan preocupación por su situación. Esta moderación excesiva impide el debate público y genera la percepción de que se intenta silenciar una realidad que afecta a muchas personas jóvenes y a quienes trabajan con ellas.

Las Casas de Juventud y los PIEEs no son un lujo ni un gasto prescindible. Para muchas personas jóvenes son espacios seguros, de encuentro, de apoyo emocional y de prevención en salud mental. Detrás de cada actividad hay profesionales comprometidos y jóvenes que encuentran allí una red que no siempre tienen en otros ámbitos.